Perder la fe
y creer en el sistema.
El líder inspirador a veces pierde la fe.
Cree que nada de lo que hace funciona. Que las instrucciones dadas no son las correctas y que los compañeros no entienden lo que tiene en su cabeza.
Y es normal.
Él es él.
Y ellos son ellos.
Su manera de ver el sistema es totalmente diferente a lo que profesaban los anteriores líderes nada inspiradores.
Él ve el final.
Tiene en su mente la visión y sabe que tarde o temprano, esa visión se materializará.
Pero antes tiene que superar obstáculos en forma de incertidumbres, de críticas y de cuchicheos a sus espaldas.
En ese punto recuerda de dónde viene y los resultados que obtuvo en el pasado con esa manera de liderar, y se tranquiliza.
Acepta las críticas y explica los motivos.
Y antes de lo pensado, la visión se instaura con agrado y relatando los más escépticos:
—Al final tenía razón, así es mejor.
El líder inspirador se sonríe, acepta el halago y continúa trabajando para seguir mejorándolo todo.


El líder inspirador para mí, igual que como el hombre de la luz del mito de la caverna de Platón, es aquel que tiene las agallas de salir fuera de la caverna, la sabiduría que le otorga la luz que contempla, y la empatía y solidaridad de volver a la caverna para alumbrar a sus compañeros. Y, para mí, lo que lo hace más excepcional no son ni las agallas, ni la sabiduría. Es la solidaridad desinteresada y la necesidad de ayudar para hacer de este mundo un lugar mejor que demuestra al volver.
Me estás acompañando en una fase complicada, a veces a sabiendas y otras veces sin saber; y solo puedo darte eternamente las gracias. Tú ya lo sabes.
Eres grande Tony, no dudes de tí ni un segundo.
Un abrazo